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Jadeando Suavemente: Parte II

septiembre 30, 2009

Queridos lectores y amigos,

Me resulta muy gratificante poder enseñar lo que escribo para las personas que más aprecio.

El otro día decidí escribir un relato un poco más largo dividido en tres partes, sobre todo para poder compartir algunas vivencias personales que he querido plasmar a través de los personajes, de fantasías, confesiones y retos de amigas y de otros aspectos cruciales para conseguir una historia sólida, emocionante y con la que puedas indentificarte.

(Por cierto, hay una puesta de sol tan bonita desde mi ventana que cualquiera que no se tome un minuto ahora mismo para PARAR, y disfrutar de ello…)

Aquí tenéis la Segunda Parte.

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 Pasearon un rato hasta que llegaron a la torre. Él tenía la sensación de que había sido ella quien había comenzado la discusión. Ella creía que había sido él. Y como ninguno estaba dispuesto a admitir tener la culpa allí estaban en silencio bajo el cielo estrellado. Resultaba gracioso como dos personas que sentían en estos momentos rabia el uno hacia el otro podían permanecer juntos en el mismo lugar, como si no pudiesen soportar estar separados.

   Las estrellas; otro recordatorio de lo que habían compartido. Él había estudiado mucho, y recordaba haber leído algo que le vino a la cabeza de pronto, una historia que hablaba de un grupo de astrónomos que creían que  las estrellas eran la representación de las emociones humanas. Y cuanto más puras y más intensas fuesen esas sensaciones… más brillantes serían las estrellas.

   Y debía de haberla leído en algún libro romántico, pues decían que cuando uno era capaz de sentir vivamente lo que tanto había deseado experimentar, y compartía ese momento con alguien más, con esa persona que la hacía sentir tan especial, la fuerza de la estrella se volvía la energía combinada de estas dos personas, ahora unidas en el universo.

  Mientras recordaba esta historia  algo maravilloso ocurrió. No se dio cuenta que su mano había rozado la de ella. De hecho no fue consciente hasta que ella le agarró la suya, y sin tener muy claro quien había dado el primer paso en la reconciliación ambos asumieron que había sido el otro quien había comenzado a disculparse.

-Mi vida ha estado llena de cosas que me han inspirado profundamente-dijo él rompiendo el silencio-, pero creo que en el pasado nunca encontré a una mujer que me inspirase de esta manera.

 “ Hay una parte de ti que no responde al tiempo, que no le importa nada los meses o las semanas.; sabes que es importante estar disfrutando de este momento…pero no te contentas con eso, y quieres que esto perdure en el tiempo, para poder revivir esto que tan bien te hace sentir una y otra vez.

 Una parte que sencillamente  sabe, entiende, cuáles son esas cosas que hacen que algo despierte en tu interior, se avive, y salga a la luz. Si pudieses ver en mi corazón, y descubrir quién es la persona que se esconde en mi interior,¿ elegirías darle rienda suelta a esa parte? Pues cuando dos almas se unen, por el tiempo que sea, tus pensamientos se vuelven nuestros pensamientos.

 Ahora, mientras el último vestigio del día se escapa, me pregunto cuál es tu lugar en todo esto. Tú, cuya voz me envuelve como una túnica de seda. Tú, cuyos ojos me han mostrado un atisbo de las aventuras que me esperan, cuya misma alma me atraviesa. Y lo primero en lo que pienso es en negarlo, porque no puede ser real; negarlo y arrojar tu imagen lejos de mi mente para poder librarme de estos sentimientos, sabiendo que si pudiese volver atrás en el tiempo… haría que volviese a ocurrir de nuevo.”

   Se acercó a ella, y le cogió ambas manos. Nunca antes le había temblado la voz como ahora.

 -Hay algo que quiero preguntarte. Si supieses que te queda poco tiempo ¿querrías pasarlo conmigo?

 -¿Por qué hablas como si todo esto tuviese que acabar?-preguntó Míriel preocupada.

  Firion no contestó. La miró fijamente, sin decir una sola palabra. Luego la besó, y continuó besándola hasta que se olvidó de la pregunta. Sencillamente no pudo decirle que había tenido otros sueños, que la había visto morir.

 No le dio ninguna explicación. Le cogió la mano y le pidió que le siguiese. Ni siquiera él sabía dónde se dirigían. Se detuvieron en un pasillo cualquiera, junto a una puerta que permanecía cerrada. La curiosidad comenzó a despertar en Míriel. Firion la arrinconó contra la pared lentamente, pero sin concederle la oportunidad de retirarse y escapar. Tampoco lo hubiera hecho. La espalda de ella descansaba contra la pared. Sus manos se entrelazaron, y ascendieron hasta situarse sobre la cabeza de Míriel. Firion la besó tiernamente, despacio, íntimamente como nunca antes lo había hecho.

 Fue simplemente devastador. Míriel cerró los ojos, y disfrutó de cada aspecto, de cada pausa y de cada roce. Todo alrededor era silencio. Deseaba disfrutar de este momento. Este era su campo de batalla; podía sentirse intimidada por el musculoso cuerpo de Firion, por la posibilidad de sentirle entre sus piernas, dentro de ella. Pero bien sabía Míriel que besaba muy bien, mejor que la mayoría de las mujeres.

  Míriel se retiró, y se mordió el labio inferior. Firion recorrió ese mismo labio con el índice. Ella le agarró la mano, estiró el dedo de Firion, y lo chupó. Su lengua acarició los labios de él, llenos y ardientes. Su boca cubrió la de Firion, en un beso cálido y constante, tierno, gentil, un beso de insoportable lentitud. Le besó tan despacio que podía sentir el pulso de ambos: el suyo intensificándose, menguando y creciendo como la luna; el de él, sufriendo las crecidas y los estiajes de los ríos.

 Sintió como Firion trataba de liberar las manos, sin duda para recorrerla con sus ardientes caricias. Pero ella las retuvo, cerrando con fuerza sus dedos sobre los de él: solamente sus dedos y sus lenguas se entrelazarían.

 La fricción de sus labios hacía que se sintiese en suspenso; suspendida en el mismo borde que separaba la ternura de la pasión. Se sentía flotando y hundiéndose al mismo tiempo, y cuanto más lentos eran los besos más rápidamente se extendía el calor por su rostro. Entonces ella le rodeó con los brazos, besándolo tan desinhibidamente que él se quedó quieto por un breve instante, mirándola a escasos centímetros de distancia.

 -No te amo-dijo él.

 -Repítelo- pidió ella.   

 Algo había cambiado entre ellos, comprendió Míriel. Visiblemente complacida cerró nuevamente los ojos y echó la cabeza hacia atrás. Firion posó la vista sobre el cuello de Míriel, infinitamente tentador. Él era el cazador y ella la presa, se había dicho minutos atrás. Ahora no lo tenía tan claro.

Miriel Parte II

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Espero que todos hayamos gozado, unos escribiendo y otros leyendo. Honestamente, me está  gustando tanto que estoy considerando terminarla en cinco partes en lugar de en tres. ¿Os gusta lo suficiente como para continuarla hasta las cinco entregas

 

 

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Jadeando Suavemente:Parte I

septiembre 28, 2009

   Míriel estaba jadeando suavemente. El deseo que Firion había despertado en su interior era algo desconocido para ella. Y tal y como había temido le habían bastado unas pocas palabras para hacerla caer, suspirar, y pensar en cómo sería en la cama. Y ese era un pensamiento que la acompañaría siempre, cada vez que le mirase sin que él se diese cuenta, cada vez que se encontrasen juntos, cuando hablasen, cuando cruzasen una fugaz pero íntima mirada en un pasillo ella pensaría en el sexo, en sus besos, en sus labios y en sus manos, en su aliento, en su cuerpo junto al suyo.

     Era una mujer que había tenido muchas vivencias, o eso era lo que pensaba. Pero luego le conoció, y lentamente la percepción que tenía sobre lo que era posible y lo que no, lo que era fantasía y lo que era realidad, se había visto alterada, expandida, y algo en lo que ella había pensado como un objeto sólido, como una barra de hierro, era ahora más valioso y maleable,  brillante como el oro. Él le había mostrado nuevas y mejores formas de disfrutar de sus vivencias, le había añadido el condimento que le faltaba a su vida, potenciando su sabor, aumentando su intensidad. Y era adictivo.  

   Le costó bastante tiempo calmar su cuerpo. Pero tenía que hacerlo, pues había cosas que Firion debía conocer. Hablarle de su hijo no iba a ser fácil, lo sabía, y no podía imaginar una peor forma de comenzar su velada romántica que hablándole de todo ello.” Podría esperar al amanecer para contárselo”, pensó egoístamente.

        ¡Diablos, ya estaba pensando en pasar la noche con él!

           

2

 

 La cocina estaba vacía. Nunca antes la había visto vacía. Nunca.

  ¿Dónde está todo el mundo? Antes de que pudiera darse la vuelta el aroma inconfundible de Firion se adueñó de sus sentidos, haciéndola sonreír. Él se acercó despacio hasta situarse a su espalda, rodeándole la cintura. El calor de su cuerpo la abrasó como la primera vez, quizá incluso más. Firion apoyó la barbilla junto a su cuello, sus cuerpos se amoldaron el uno al del otro, dejando una mínima y tentadora separación de cintura para abajo. Sin previo aviso, antes de que pudiera formular pregunta alguna, Firion le dio una pequeña muestra de lo que sería sentir el roce de sus besos sobre los labios.

     Aunque no fue más que la ligera unión entre los labios de ambos ese suave roce hizo que Firion desease más, más de ella: meterle la lengua en la boca, tumbarla en la mesa de la cocina.

    Pero luchó contra ese impulso, y se contentó con haber saboreado sus labios por un instante, aunque no la soltó. Girándola desde la barbilla la miró profundamente a los ojos, a tan poca distancia que podía sentir su respiración en la mejilla. Sus ojos parecían confundidos, muy atractivos. Reflejaban la tenue luz, y brillaban con un millar de preguntas.

 -¿Qué tal el viaje?¿Estás bien?-preguntó Míriel al fin. Firion contestó con un ronroneo. Comenzó a deslizar una mano por la espalda de Míriel, hacia su trasero. Pero se detuvo en la parte baja de su espalda- Cada vez mejor- le susurró al oído-.

-¿Y …

-Shhh, pequeña- le ordenó, poniéndole el dedo en los labios.- Todos están bien. Tu hermana y tu padre han vuelto a sus vidas.

  “ Tú podrías volver con ellos…si es lo que deseas. No hay ninguna razón más allá de tu propio deseo para que te quedes junto a mí”.- El dedo que le había ordenado guardar silencio comenzó a recorrerle los labios, despacio, de un lado a otro. Luego se lo metió en la boca. Ella cerró los labios, chupándolo. Finalmente lo retiró, recorriendo su mandíbula y el cuello.

 -¿No era esto lo que querías, Míriel?-preguntó Firion-. Desde el primer momento, aquella mañana, cuando supiste que no te dejaría marchar. Ahora te lo ofrezco, tu libertad. Eres libre. Puedes irte cuando lo desees.

 Comenzó a subir la mano. Primero por su cintura, luego por el liso abdomen, deslizándose despacio entre sus senos, dándole tiempo para apartarse. Pero Míriel no se movió, y mientras Firion le cubría los pechos con las manos, volvió a preguntárselo:

-¿No era esto lo que querías?

  Desde luego que lo era. No sabía si era producto de su imaginación, o si realmente le estaba preguntando si no había pensado en él sexualmente. Lo había hecho. Más de una vez. Había fantaseado con esa posibilidad: ellos juntos, él tomándola una y otra vez hasta agotarla, levantándola a horcajadas para poder sentir cómo se estremecía sobre él. Las imágenes que había tenido a cerca de la persona que estaba junto a ella habían sido realmente vívidas e intensas: pero hasta el día de hoy no había tenido el valor necesario para reconocérselo a sí misma.

   Hoy, este preciso momento, era el indicado para obtener lo que había estado buscando en otros lugares. Era el momento de darse permiso y dejarse llevar, de escuchar la voz de su alma y silenciar las voces críticas. Debía coger el premio ahora mismo, antes de que otra lo reclamase como suyo; el momento de entregarse a él y dejarle hacer con ella lo que él quisiese, esencialmente.

  Se preguntaba por qué había esperado tanto tiempo. Había sido siempre una mujer impaciente. Entonces,¿por qué ahora, con él, sabiendo cuánto le deseaba, se sentía tan incapaz de moverse hacia delante y vivir la mejor experiencia de su vida, el mayor reto al que se enfrentaría nunca? Quizá no hubiese en el mundo otra persona capaz de hacerla sentir como se sentía con él.

 Sus pechos ardían bajo la blusa mientras sentía como sus pezones empezaban a endurecerse. No era capaz de imaginarse cómo sería sentir el mismo ardor de sus pechos por todo su cuerpo, recorriendo su abdomen, descendiendo entre sus muslos. Jadeaba de manera sensual, susurrando su nombre mentalmente. Y cuanto más trataba de dejar de pronunciar su nombre en su cabeza, más y más caliente se ponía, más se le endurecían los pezones, más y más su cuerpo traidor deseaba lo que su razón trataba de negarle.

     El agarre de él en sus senos se intensificó, haciéndola inhalar profundamente. Ella recostó su cabeza en el amplio pecho masculino, y trató de reducir la distancia que él había dejado de cintura para abajo: quería sentir contra ella sin más demora esa parte de la anatomía masculina, dura y apretada.

   El cálido recorrido de la lengua por su cuello. Algunas palabras vertidas en su oído.

   Un dulce pellizco en el pezón que la hizo estremecer. Más palabras susurradas al oído.

   Un súbito temblor incontrolable. Calor.

             La excitación crecía en ella de forma desmedida, una sensación tan intensa que quería guardar dentro de ella, conservarla para poder saborearla y recordarla siempre. Pero también sentía la tentación de darle rienda suelta y llegar al final, alcanzar el clímax mientras él estaba cerca. Conservarla dentro o dejarla salir; dentro, fuera, dentro o fuera.

    Él iba a conseguir lo que quería, y ella iba a disfrutar mientras lo hacía.

 

P.D. Si te ha gustado esta primera parte no olvides comentarla justo debajo. Tenéis mi permiso para compartir este relato con quien queráis, postearlo en vuestros blogs, y enviarlo a quien queráis. Permaneced alertas para la parte II y para el desenlace en la tercera y última parte.

RPark.