Zapatos De Tacón En Los Frenos

octubre 3, 2009

El miedo a lo desconocido-la promesa de un futuro incierto-en ocasiones puede asustar. Mudarse, un nuevo trabajo, dar de lado antiguas creencias…todo eso puede dar un poco de miedo. Como también puede serlo dejar entrar en tu vida a alguien nuevo, por muy interesante e irresistible que sea.

¿Cuántas de vosotras habéis conocido a alguien por el que os habéis sentido rápidamente atraídas, y os habéis dicho algo como “ahora no es momento para esto”, “quiero un poco de orden y calma en mi vida”…o quizá vuestro estilo es más “yo paso de tíos ahora”.

                   fotolia_1293207_small                                                                 Digamos que estáis leyendo uno de mis relatos eróticos, y con cada palabra os sentís más y más femeninas, justo como os gusta sentiros, pero entonces la imagen de esta persona viene a vuestra mente, y comenzáis a relacionar todo lo que estáis leyendo con una persona en especial…y poco menos que queréis sacarle de vuestra cabeza como quien barre el suelo de la habitación, porque no queréis tener este tipo de pensamientos con/hacia él. Al menos no hasta que sepáis qué lugar ocupa. Puede que incluso diciendo en voz alta “No Tan Rápido, amigo”.

     (Por cierto,  para aquellos que habéis seguido Jadeando Suavemente Parte I y Jadeando Suavemente Parte II y habéis disfrutado con ellos, estoy feliz de poder decir que La Tercera Parte ya está terminada. La postearé en los próximos días. Pero también me gustaría hablar de otras cosas y compartir algunos  pensamientos con todos vosotros. En cualquier caso, para los más ansiosos os dejo Jadeando Suavemente Parte III justo aquí)

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Retomando donde lo dejamos…hemos pisado el freno con los mismos zapatos de tacón que llevábamos cuando le enamoramos.

¿Y ahora qué? Cómo hacemos que el tren se ponga en movimiento nuevamente y…¿es eso lo que realmente queremos?

Las fluctuaciones de una mujer entre querer a alguien a nuestro lado y apartarnos de él (y lo que los hombres a menudo llaman señales contradictorias y acciones irracionales) suelen deberse a que, una vez que saltemos  sobre esta persona/relación, sabemos que no hay vuelta atrás. Y un hombre de verdad estará ahí para ayudarnos a dar el primer paso hacia esta nueva aventura.

RPark

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Jadeando Suavemente: Parte II

septiembre 30, 2009

Queridos lectores y amigos,

Me resulta muy gratificante poder enseñar lo que escribo para las personas que más aprecio.

El otro día decidí escribir un relato un poco más largo dividido en tres partes, sobre todo para poder compartir algunas vivencias personales que he querido plasmar a través de los personajes, de fantasías, confesiones y retos de amigas y de otros aspectos cruciales para conseguir una historia sólida, emocionante y con la que puedas indentificarte.

(Por cierto, hay una puesta de sol tan bonita desde mi ventana que cualquiera que no se tome un minuto ahora mismo para PARAR, y disfrutar de ello…)

Aquí tenéis la Segunda Parte.

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 Pasearon un rato hasta que llegaron a la torre. Él tenía la sensación de que había sido ella quien había comenzado la discusión. Ella creía que había sido él. Y como ninguno estaba dispuesto a admitir tener la culpa allí estaban en silencio bajo el cielo estrellado. Resultaba gracioso como dos personas que sentían en estos momentos rabia el uno hacia el otro podían permanecer juntos en el mismo lugar, como si no pudiesen soportar estar separados.

   Las estrellas; otro recordatorio de lo que habían compartido. Él había estudiado mucho, y recordaba haber leído algo que le vino a la cabeza de pronto, una historia que hablaba de un grupo de astrónomos que creían que  las estrellas eran la representación de las emociones humanas. Y cuanto más puras y más intensas fuesen esas sensaciones… más brillantes serían las estrellas.

   Y debía de haberla leído en algún libro romántico, pues decían que cuando uno era capaz de sentir vivamente lo que tanto había deseado experimentar, y compartía ese momento con alguien más, con esa persona que la hacía sentir tan especial, la fuerza de la estrella se volvía la energía combinada de estas dos personas, ahora unidas en el universo.

  Mientras recordaba esta historia  algo maravilloso ocurrió. No se dio cuenta que su mano había rozado la de ella. De hecho no fue consciente hasta que ella le agarró la suya, y sin tener muy claro quien había dado el primer paso en la reconciliación ambos asumieron que había sido el otro quien había comenzado a disculparse.

-Mi vida ha estado llena de cosas que me han inspirado profundamente-dijo él rompiendo el silencio-, pero creo que en el pasado nunca encontré a una mujer que me inspirase de esta manera.

 “ Hay una parte de ti que no responde al tiempo, que no le importa nada los meses o las semanas.; sabes que es importante estar disfrutando de este momento…pero no te contentas con eso, y quieres que esto perdure en el tiempo, para poder revivir esto que tan bien te hace sentir una y otra vez.

 Una parte que sencillamente  sabe, entiende, cuáles son esas cosas que hacen que algo despierte en tu interior, se avive, y salga a la luz. Si pudieses ver en mi corazón, y descubrir quién es la persona que se esconde en mi interior,¿ elegirías darle rienda suelta a esa parte? Pues cuando dos almas se unen, por el tiempo que sea, tus pensamientos se vuelven nuestros pensamientos.

 Ahora, mientras el último vestigio del día se escapa, me pregunto cuál es tu lugar en todo esto. Tú, cuya voz me envuelve como una túnica de seda. Tú, cuyos ojos me han mostrado un atisbo de las aventuras que me esperan, cuya misma alma me atraviesa. Y lo primero en lo que pienso es en negarlo, porque no puede ser real; negarlo y arrojar tu imagen lejos de mi mente para poder librarme de estos sentimientos, sabiendo que si pudiese volver atrás en el tiempo… haría que volviese a ocurrir de nuevo.”

   Se acercó a ella, y le cogió ambas manos. Nunca antes le había temblado la voz como ahora.

 -Hay algo que quiero preguntarte. Si supieses que te queda poco tiempo ¿querrías pasarlo conmigo?

 -¿Por qué hablas como si todo esto tuviese que acabar?-preguntó Míriel preocupada.

  Firion no contestó. La miró fijamente, sin decir una sola palabra. Luego la besó, y continuó besándola hasta que se olvidó de la pregunta. Sencillamente no pudo decirle que había tenido otros sueños, que la había visto morir.

 No le dio ninguna explicación. Le cogió la mano y le pidió que le siguiese. Ni siquiera él sabía dónde se dirigían. Se detuvieron en un pasillo cualquiera, junto a una puerta que permanecía cerrada. La curiosidad comenzó a despertar en Míriel. Firion la arrinconó contra la pared lentamente, pero sin concederle la oportunidad de retirarse y escapar. Tampoco lo hubiera hecho. La espalda de ella descansaba contra la pared. Sus manos se entrelazaron, y ascendieron hasta situarse sobre la cabeza de Míriel. Firion la besó tiernamente, despacio, íntimamente como nunca antes lo había hecho.

 Fue simplemente devastador. Míriel cerró los ojos, y disfrutó de cada aspecto, de cada pausa y de cada roce. Todo alrededor era silencio. Deseaba disfrutar de este momento. Este era su campo de batalla; podía sentirse intimidada por el musculoso cuerpo de Firion, por la posibilidad de sentirle entre sus piernas, dentro de ella. Pero bien sabía Míriel que besaba muy bien, mejor que la mayoría de las mujeres.

  Míriel se retiró, y se mordió el labio inferior. Firion recorrió ese mismo labio con el índice. Ella le agarró la mano, estiró el dedo de Firion, y lo chupó. Su lengua acarició los labios de él, llenos y ardientes. Su boca cubrió la de Firion, en un beso cálido y constante, tierno, gentil, un beso de insoportable lentitud. Le besó tan despacio que podía sentir el pulso de ambos: el suyo intensificándose, menguando y creciendo como la luna; el de él, sufriendo las crecidas y los estiajes de los ríos.

 Sintió como Firion trataba de liberar las manos, sin duda para recorrerla con sus ardientes caricias. Pero ella las retuvo, cerrando con fuerza sus dedos sobre los de él: solamente sus dedos y sus lenguas se entrelazarían.

 La fricción de sus labios hacía que se sintiese en suspenso; suspendida en el mismo borde que separaba la ternura de la pasión. Se sentía flotando y hundiéndose al mismo tiempo, y cuanto más lentos eran los besos más rápidamente se extendía el calor por su rostro. Entonces ella le rodeó con los brazos, besándolo tan desinhibidamente que él se quedó quieto por un breve instante, mirándola a escasos centímetros de distancia.

 -No te amo-dijo él.

 -Repítelo- pidió ella.   

 Algo había cambiado entre ellos, comprendió Míriel. Visiblemente complacida cerró nuevamente los ojos y echó la cabeza hacia atrás. Firion posó la vista sobre el cuello de Míriel, infinitamente tentador. Él era el cazador y ella la presa, se había dicho minutos atrás. Ahora no lo tenía tan claro.

Miriel Parte II

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Espero que todos hayamos gozado, unos escribiendo y otros leyendo. Honestamente, me está  gustando tanto que estoy considerando terminarla en cinco partes en lugar de en tres. ¿Os gusta lo suficiente como para continuarla hasta las cinco entregas